Publicado en Heraldo de Aragón el 11-2-2008
Mi tío Jesús tenía un cuaderno negro con una gometa verde alrededor. Mi tío ponía gomas a casi todo, a las carpetas, a las cajas de tornillos, a los bloques de facturas que se amontonaban en la mesa del despacho de mi madre, a los manojos de puerros, a los cromos repetidos de su nieto, a todo lo que fuese susceptible de disgregarse. Mi tío era un hombre de orden. En sus últimos años de vida, decidió no pisar la calle nunca más. Desde su sillón de orejas manejaba el mando a distancia de la tele y el teléfono inalámbrico como si fuesen prolongaciones de sí mismo, y gracias a ellos navegaba con un rumbo fijo. Ambos aparatos estaban muy usados, pero se resistía a cambiarlos por otros y para sujetar sus respectivas baterías les había puesto alrededor unas gometas con varias vueltas. Todos los días nos hacía una o dos llamadas fijas, y aunque no existía aún el identificador de número, sabíamos que era él, pues nunca se retrasaba más de un minuto. Su cuaderno negro era una especie de agenda sentimental (y quizás un protoblog). En él iba anotando las efemérides familiares: cumpleaños, bodas, defunciones, fiestas patronales, exámenes aprobados, grandes nevadas o pedriscos, hospitalizaciones y operaciones, viajes largos emprendidos por su hijo o por alguno de sus sobrinos. Incluso el Año Nuevo chino lo tenía registrado un 2 de febrero (con letra temblorosa y bastante reciente) junto a la Virgen de la Candelaria, que parecía por su parte una anotación muy vieja. No me atreví a decirle que el año chino cambia de fecha según las lunas, porque eso habría alterado el orden interno del cuaderno, que en realidad era un cuaderno de bitácora de todo un periplo familiar.
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Autor: contontin
Fecha: 02/03/2008 13:21.
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