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Cristina Grande

AROMAS

Una de mis mejores amigas va a ser madre. Pongo mi oído en su vientre, como si espiara a un vecino a través de una pared, y me parece oír el latido de un corazón chiquitín. Estamos en el campo, de pie bajo un ciruelo de dulce aroma. Nos hemos puesto sombreros y gafas de sol. Posamos sonrientes para la cámara. Me da un poco de reparo mostrarme demasiado feliz. Como soy de naturaleza desconfiada tengo miedo de que los hados puedan arrebatarme este instante de felicidad si la exhibo descaradamente. Cruzamos el río Aranda y seguimos hasta la Juntura con el río Isuela. Un par de niños juegan en el agua con barquitos de plástico que ponen sobre la corriente y recogen un poco más abajo, casi donde muere el río. El agua del río Isuela es más clara que la del río Aranda. Por las alturas planean majestuosos buitres de alas brillantes que me hacen pensar en los ángeles cinematográficos de Wim Wenders. Es uno de esos momentos en los que querría ser capaz de pronunciar una frase elocuente, profunda y filosófica, pero lo único que se me ocurre es preguntar a uno de los niños si el agua está muy fría. El niño me mira extrañado. Está normal, responde con cierta displicencia. Mi amiga dice que huele a hierbabuena. Desde que está embarazada su olfato se ha agudizado, y el mío también. Hay tanta vegetación a nuestro alrededor que nos cuesta dar con la planta aromática. También huele a río, a melocotones, a hinojo y a eternidad. 

HERALDO DE ARAGÓN (23-8-2016)

20/09/2016 09:17 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

OCHENTA AÑOS Y UN DÍA

Hace 80 años y un día mi abuela empezó a escribir un diario que empieza así: “Es el cumpleaños de Dorita. Hace seis años. Lo celebramos toda la familia. A las doce, después de la sobremesa, Alfredo se acuesta. Lorenzo pone la radio. Luego nos da la noticia de la sublevación en Sevilla. Cada media hora dan noticias, pero son algo confusas”. Era el 18 de julio de 1936. Dorita era la hermana mayor de mi madre. El diario continúa hasta el final de la guerra, cuando mi abuela consigue reunirse con su familia después de tres años de separación. Hace tiempo pensé que el diario se podría publicar con el título “La guerra sola”. Como portada mi primo Alfredo, hijo de Dorita, propuso una fotografía de mi abuela caminando sola por alguna calle de Barcelona. Allí pasó parte de la guerra, siempre vigilada por ser la mujer de un supuesto fascista. Mientras tanto, mi abuelo trabajaba en una farmacia de la calle Alfonso de Zaragoza pensando que mi abuela estaría muerta. Lo cierto es que es raro que sobreviviese. Cerca de Lérida, cuando intentaba una vez más llegar a Zaragoza, la acusaron de espía porque la veían “tomar notas” en su diario. Más adelante, en mayo de 1938 escribe: “Me despierto con el tronar del cañón y me paso el día oyendo lo mismo más la aviación. No me extraña que mi corazón esté endureciendo. No me da miedo nada, solo los hombres, me dan horror, cuando pienso lo que pasé en Lérida se me hiela la sangre. En aquellos momentos solo pensé en vivir para ver a mis hijas”. En 1941 nació su tercera hija. Nunca volvió a nombrar la guerra. 

HERALDO DE ARAGÓN (19-7-2018)

 

21/07/2016 05:48 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ZARZAS

La juntura de los ríos Aranda e Isuela, en el término municipal de Arándiga, es uno de esos parajes bucólicos que recuerdas sentada en el sofá de casa al notar que tienes que descansar la vista. Soy torpe y miedosa cuando se trata de caminar por el campo, fuera de los caminos, por ribazos y taludes llenos de zarzas que se enganchan en la chaqueta y hasta en los cordones de las zapatillas. Remontando el río por la orilla me parece haber vuelto a mi infancia junto al río Tirón, afluente del Ebro. Revivo el miedo a caerme, a torcerme un tobillo y a que salga alguna culebra de agua o cualquier otra alimaña. Sin embargo, superar los miedos tiene sus recompensas. Puedes ver saltar una trucha en el agua y escuchar el melodioso canto de algún pájaro escondido entre la vegetación. O puedes descubrir una antigua fuente que en Arándiga llaman “la fuente de mi lugar”, y que podría ser medieval o incluso romana. La fuente no mana agua y está casi oculta entre zarzas. Parece una fuente encantada. Como no llevo cámara ni móvil tengo que asegurarme de no olvidar esa fuente seca que, no sé por qué motivo, me parece importante. Explicar o fotografiar la naturaleza, tal como la sentimos, es realmente difícil. Llevo en la mano, arañada por las zarzas, un ramo de beleño negro que crece cerca de la fuente de mi lugar. “Y la zarza trepadora podría adornar los salones celestiales”, dice un verso de Walt Whitman. 

HERALDO DE ARAGÓN (12-4-2016)

12/04/2016 22:56 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DA CAPO

El año hay que empezarlo trabajando, suele decir mi primo Alfredo, que no conoce la pereza y huye de los destinos exóticos en vacaciones. La primera mañana de 2016 la pasé en la cocina mientras escuchaba en la radio el concierto de Año Nuevo. En el salón la tele también retransmitía el concierto con varios segundos de retraso respecto a la radio. Así que cada vez que iba de la cocina al salón, donde la pantalla del ordenador parpadeaba como enviando señales de atención, parecía que retrocedía en el tiempo y que podía cambiar el curso de los acontecimientos. Sé que mi primo se refería a trabajar en cosas importantes, ante el caballete en su caso, o escribiendo en el mío. Por eso me di una pequeña prórroga para centrarme y, al día siguiente, terminé un cuento que tenía prometido a Marina Heredia, editora de Los libros del Gato Negro. Ya no hago propósitos de Año Nuevo más allá del día a día. No les pido a los Reyes Magos cosas que yo misma no pueda llevar a cabo. Yo solo pido un poco más de tiempo y, puestos a pedir, poder retroceder unos segundos y aplicar la prudencia y la templanza que puedan haberme faltado en los malos momentos. Y siempre hay una segunda oportunidad. El cuento no me quedó tan mal. El comienzo de año, igual que cada lunes, me gusta por la energía implícita que contiene. Es como volver al inicio de la partitura donde dice “da capo” (“desde el principio”), y poder interpretarla mejor.

HERALDO DE ARAGÓN (5-1-2016)

06/01/2016 09:59 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PAPEL EN BLANCO

Son las cinco de la mañana. Oigo el riachuelo que pasa bajo mi ventana. Oigo también el motor de la vieja nevera Edesa que tiene más de cuarenta años. Y oigo mi propio corazón latiendo a gran velocidad. Me he levantado hacia las tres porque no podía dormir. La montaña irradia un silencio intergaláctico. Anoche cené con mi amiga Lola Aventin, que me había invitado al club de lectura de su fantástica biblioteca-palacio en Benasque. Lo pasé muy bien. Gente estupenda. Me sentía feliz a la hora de ir a la cama y luego, sin embargo -o quizás a causa de esa felicidad- vino el insomnio. La nieve, en lo alto del macizo de Cotiella, refleja la luz de la luna y creo que no hay paisaje nocturno tan sobrecogedor como este. La noche es muy larga en la montaña. Esta noche la nieve es como un papel en blanco que incita a escribir una confesión. Por eso no puedo dormir, claro, porque tengo que decir la verdad, porque no se puede escribir cualquier cosa en la nieve. Pero antes haré un buen café y lo tomaré con pastas. Luego encenderé la chimenea y releeré un poco a la Marquesa Colombi. El café puede que lleve meses, o años, en el apartamento. Pero aún estará potable, me digo pensando en lo bien que se conserva todo en esta atmósfera inerte, a 1540 metros de altitud. Incluso los recuerdos se conservan intactos -qué raro-, cristalizados como las risas de mis padres cuando eran felices y la Edesa no hacía ruido.

HERALDO DE ARAGÓN (8-12-2015) 

13/12/2015 10:50 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GRANADAS

En un huertico urbano que en realidad era un solar edificable que nunca se edificó, mi abuela se empeñaba en cultivar espárragos incomestibles. Un año plantó un chito de granado. Se lo trajo de algún sitio una vecina que quiso repartir varios esquejes entre sus amigas. Sólo el granado de mi abuela agarró. Tendrá treinta o cuarenta años. Mi abuela murió y también murió mi tía Dorita. El huerto ya no lo cultiva nadie, ni siquiera lo ve nadie. Entre esas cuatro paredes de piedra, completamente ajeno al devenir del mundo, el granado sigue creciendo en un rincón. Mi tía Amanda, la pequeña de las tres hermanas, aún se preocupa por las cosas de la familia. Llega a Lanaja y se acerca al huerto que ahora pertenece a sus sobrinos. Descubre con alegría que el árbol está cargado de frutos. Llena dos bolsones y reparte las granadas entre familiares y vecinos. Ese hermoso gesto se me figura como una especie de eucaristía laica. Las granadas representan el espíritu de los que se fueron dejándonos desolados y entristecidos. Me como una pequeñita grano a grano. Las granadas tienen propiedades medicinales. Son antioxidantes, diuréticas, ricas en vitaminas y minerales, y buenas contra el colesterol. Para mí tienen, además, propiedades balsámicas contra el desconsuelo. Dejo tres en un frutero como decoración. Se van secando lentamente sin llegar a pudrirse, sin perder su apariencia. También por dentro se van secando las penas.

HERALDO DE ARAGÓN (13-10-2015)

 

 

14/10/2015 08:39 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UNA ESTRELLA FUGAZ

Pasaron las Perseidas. No las vi. Pensaba en ellas con cierto pesar unos días más tarde. Estábamos en Soria y me había zampado un torrezno suculento y pecaminoso antes de ir a dormir. El torrezno brincaba en mi interior como un saltimbanqui enloquecido y me produjo terribles pesadillas. Perdía por completo la visión del ojo derecho y desperté angustiada. Abrí la ventana de la habitación, que daba a un amplio patio de manzana oscuro como boca de lobo. Alcé la vista al cielo. El fresco aire soriano me sentaba bien y estuve un rato así, contemplando el firmamento por si alguna Perseida rezagada tenía a bien pasar en ese momento. Y así fue, la vi en seguida, de sur a norte, o de norte a sur, quién sabe. A la mañana siguiente, paseando por el centro de Soria, era constante la presencia de Leonor Izquierdo dondequiera que nos llevaran nuestros pasos: la iglesia en la que se casaron el poeta y la niña de quince años–los abuchearon a la salida de la ceremonia-; la pensión donde se conocieron; el cementerio en el que está enterrada. Y unas horas más tarde, ya de regreso hacia Aragón, paramos en Almenar atraídos por un bonito castillo que se veía desde la carretera. Me quedé boquiabierta al ver en la fachada del castillo una placa que decía: “Aquí nació Leonor, esposa breve y musa permanente de Antonio Machado”. Pasó una estrella fugaz y las golondrinas regresan ya a sus cuarteles de invierno en África.

HERALDO DE ARAGÓN (18-8-2015)

19/08/2015 08:18 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CALLE ARRIBA

Iba yo en un bus urbano hacia la plaza Aragón cuando vi a mi tía Amanda caminando por la acera calle arriba. Tu tía ha ido a la peluquería, había dicho mi madre al preguntar por ella un rato antes. Me extrañó que fuera en dirección contraria a la casa de mi madre. Pensé que iría a comprar una ensaimada mallorquina. Marqué su número de móvil, quería decirle que la veía muy guapa y estilosa con su nuevo peinado y su falda trapezoidal, pero no contestó. Hay cosas que deben decirse en el momento. Aunque es muy cariñosa, no siempre hemos estado de acuerdo ella y yo en nuestros planteamientos vitales. Desde mi asiento a contramarcha y a velocidad de travelling cinematográfico vi a mi tía caminando, sin que ella me viera a mí, y en ese instante me di cuenta, como en una especie epifanía irrepetible, de lo mucho que la quiero. Pensé que si no volviera a verla por cualquier imprevisto que pudiera sucederme a lo largo del día -que me diera un infarto, que sufriera un atropello cruzando indebidamente, que alguien me apuñalara sin venir a cuento, o cualquier otra desgracia- me daría mucha rabia no haberle dicho que le favorecía ese nuevo corte de pelo. Mi tía Amanda sale bastante en estos artículos semanales que forman ya una gran columnata. Ella vive en Madrid hace cuarenta años y no suele leerme, pero la distancia física no ha conseguido alejarnos. La veo caminar y me veo a mí misma, y pienso que las mujeres de mi familia somos un poco salmónidas, siempre calle arriba remontando la corriente.

HERALDO DE ARAGÓN (9-6-2015)

 

25/06/2015 19:47 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL OREJERO

“Las tardes de los domingos se me hacen eternas”, dice mi madre, que casi nunca sale ya de su casa. “Las películas son malísimas y se me cansa la vista de leer tanto”, continúa diciendo sentada en su orejero verde. El orejero perteneció antes a mi abuelo José Grande. Estaba tapizado en tela a cuadros rojos y negros cuando mi madre llegó a Haro recién casada. Luego mi abuelo se mudó con la hermana de mi padre y sus discos de ópera, y el orejero se quedó con nosotros. Mi padre (José Grande II) solía dormirse en él después de cenar. Siempre cenábamos antes de las nueve, de manera que en estas fechas, cuando ya el día alarga muchísimo, mi hermano (José Grande III) se negaba a cenar mientras siguiera siendo de día. La casa olía a espárragos blancos, cocidos unas horas antes, y por la ventana de la cocina el cielo del atardecer enrojecía como si hubiera un incendio en el monte Toloño. Mi padre intentaba no quedarse dormido en el orejero, sabía que por la mañana despertaría demasiado temprano y saldría a despejarse por El Pardo, desde donde se veía el Toloño, Peñas Gembres, y el río Ebro cruzando de parte a parte. Tras la muerte de mi padre el orejero quedó sin ocupante durante siete años, hasta que cerramos la casa de Haro y trajimos los muebles a Zaragoza. Se veía un poco raído y decidimos retapizarlo. El tapicero descubrió que debajo de la tela a cuadros había una tapicería verde casi idéntica a la que habíamos elegido. De forma instintiva creo que ese trono con orejas nos sobrevivirá a todos.

HERALDO DE ARAGÓN (19-5-2015)

20/05/2015 08:33 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EUPHORBIA

Aún vive la flor de pascua que compramos antes de Navidad. Alguien dijo que ya podía darla por perdida, que es una planta de temporada. Lo cierto es que sólo conserva unas pocas hojitas rojas en lo alto de los tallos. Ya tiene el entierro pagado, dice mi madre, que sigue regándola sin embargo, como hace con la orquídea que lleva siete años seguidos dando flores. Hace unos días, en un restaurante del barrio de Torrero vi una flor de pascua muy hermosa junto a un ventanal del comedor. Si aquí ha sobrevivido por qué no puede sobrevivir dentro de casa, pensé. Afuera se presentía la primavera. A medio día entra un rayo de sol por mi ventana por primera vez en muchos meses. No es momento de morir, le digo a la flor de pascua que en realidad se llama Euphorbia Pulcherrima. Tengo la certeza, casi absoluta, de que mis geranios de Arándiga se han secado mientras tanto. Quizás hace un mes que no los veo y calculo que ha llovido muy poco últimamente. Por eso, tal vez, tengo tanto empeño en que no se me muera la Euphorbia. A veces, cuando no puedes cuidar a alguien que te importa, te da por cuidar a quien con seguridad no necesita de tus cuidados. Siempre he creído que no tengo instinto maternal. Pero uno no acaba de conocerse porque somos muy recovecados los seres humanos. La Euphorbia, me da la impresión, está echando nuevas y mínimas hojas verdes. Está preciosa, dice mi madre con orgullo. Yo la veo raquítica y me limito a mirar los tallos con detenimiento, por si está rechitando a pesar de todo.

HERALDO DE ARAGÓN (10-3-2015)

11/03/2015 11:13 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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