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Cristina Grande

UN ÁRBOL SINGULAR

Había un enorme cedro del Himalaya en el patio de mi colegio. Estaba en una esquina, cerca de una tapia por la que sobresalía como un gigante. Bajo su sombra nos columpiábamos y yo me dejaba matar jugando al “balucón” contra las internas vascas. Estábamos muy orgullosas de ese árbol centenario las chicas del pueblo porque parecía salido de un cuento fantástico y nos protegía. De camino al colegio, por una carretera comarcal poco transitada y bordeada de castaños de indias, nos entreteníamos recolectando castañas que luego decorábamos con rotuladores de colores. A veces, con la llegada del buen tiempo, preferíamos volver por el camino de Alméndora, que estaba sin asfaltar. Ni a nuestras madres ni a las monjas les gustaba que fuéramos por ese camino. Imponían la carretera porque era preferible ser atropelladas a ser violadas. No lo decían así de claro pero se rumoreaba que había pervertidos, exhibicionistas, lobos que salían al encuentro de las caperucitas. De cuando en cuando nos deteníamos a comer alguna manzana o algún melocotón áspero de los árboles que parecían no pertenecer a nadie. Veinte o treinta años después el camino de Alméndora se convirtió en una calle asfaltada para una urbanización de chalés que se construyó de la noche a la mañana. Ya no quedan frutales, ni sobrevivió el colegio, que ahora es otra cosa. Pero el cedro del Himalaya sigue ahí, como mi amor por los árboles, como la castaña seca en la que aún se lee “año1974”.

 HERALDO DE ARAGÓN (28-3-2017)

29/03/2017 07:00 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GRAVEDAD PERMANENTE

Yo tenía una amiga aparejadora que hacía tasaciones inmobiliarias además de obras. Se movía con gran naturalidad en un mundo de hombres y andamios. Le gustaban los coches deportivos. Cuando bajaba las ventanillas, su larga melena negra flotaba en el aire, como las canciones de Franco Battiato que ella cantaba en italiano aunque la versión fuera en español. Yo no podía conducir y mi melena nunca fue tan larga. A veces la acompañaba si tenía que hacer alguna tasación fuera de Zaragoza. Ella era de ciudad y yo de pueblo. Corríamos con su deportivo plateado por carreteras secundarias que a mí me resultaba familiares. Creo que fue hacia 2001 cuando la acompañé a la localidad de Sena. Habíamos quedado en una gasolinera con el encargado de las naves que teníamos que tasar. El encargado nos montó en un todoterreno que subía como al trote por una pista que llevaba hasta las inmensas naves de cerdos. El encargado, o lo que fuese, parecía muy orgulloso de aquel imperio porcino. Su acento era marcadamente catalán. Casi todos los trabajadores venían de Lérida, dijo cuando le pregunté si allí trabajaba gente de Los Monegros. Todo aquello pertenecía a Guissona. Mi amiga aparejadora tomaba notas. Hicimos las mediciones y muchas fotografías. Los cerdos parecían felices. De vuelta en la gasolinera, el encargado, o lo que fuese, desapareció antes de que pudiésemos demostrarle lo bien que cantábamos “Busco un centro de gravedad permanente”. 

HERALDO DE ARAGÓN (7-2-2017)

08/02/2017 17:03 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

OTOÑOS

Las golondrinas se fueron sin despedirse. Me habría gustado verlas partir. No es que eche de menos su algarabía continua por encima de los tejados. Pero se impone el silencio al atardecer, el ulular del viento anuncia la llegada del mal tiempo, y siento un poco de nostalgia de las tardes de verano. El invierno se me hará largo, lo presiento. Me resisto a guardar las sandalias y los pies se van quedando fríos. Siempre intento aguantar hasta el Pilar. He sacado del armario, eso sí, la manta con estampado de piel de vaca de todos los inviernos. Hemos encendido la chimenea, que no acababa de prender, como si hubiese olvidado su cometido. Los amigos de Arándiga han vendimiado unas pocas uvas hijas de la sequía porque no hacerlo sería un acto de cobardía. Cuando las uvas dulces van por el aire el otoño se rompe de parte a parte, sigue cantando Labordeta. La luz de septiembre adquiere una inclinación y una brillantez perfectas para destacar los volúmenes del paisaje. Me duele la garganta. En la lista de la compra apunto varias novedades editoriales que me llaman la atención. Ya me veo en el sofá, frente al fuego, leyendo “Vaciar los armarios” de Rodolfo Notivol, “Patria” de Fernando Aramburu, y “A contraluz” de Rachel Cusk. Estoy pasando el aspirador cuando descubro una pequeña sargantana que se ha refugiado bajo el quicio de una puerta. También presiente la llegada del invierno y paso de largo para no dañarla. Espero verla dentro de unos meses. Espero también que ella pueda verme a mí y me salude.    

HERALDO DE ARAGÓN (27-9-2016)

09/10/2016 07:57 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AROMAS

Una de mis mejores amigas va a ser madre. Pongo mi oído en su vientre, como si espiara a un vecino a través de una pared, y me parece oír el latido de un corazón chiquitín. Estamos en el campo, de pie bajo un ciruelo de dulce aroma. Nos hemos puesto sombreros y gafas de sol. Posamos sonrientes para la cámara. Me da un poco de reparo mostrarme demasiado feliz. Como soy de naturaleza desconfiada tengo miedo de que los hados puedan arrebatarme este instante de felicidad si la exhibo descaradamente. Cruzamos el río Aranda y seguimos hasta la Juntura con el río Isuela. Un par de niños juegan en el agua con barquitos de plástico que ponen sobre la corriente y recogen un poco más abajo, casi donde muere el río. El agua del río Isuela es más clara que la del río Aranda. Por las alturas planean majestuosos buitres de alas brillantes que me hacen pensar en los ángeles cinematográficos de Wim Wenders. Es uno de esos momentos en los que querría ser capaz de pronunciar una frase elocuente, profunda y filosófica, pero lo único que se me ocurre es preguntar a uno de los niños si el agua está muy fría. El niño me mira extrañado. Está normal, responde con cierta displicencia. Mi amiga dice que huele a hierbabuena. Desde que está embarazada su olfato se ha agudizado, y el mío también. Hay tanta vegetación a nuestro alrededor que nos cuesta dar con la planta aromática. También huele a río, a melocotones, a hinojo y a eternidad. 

HERALDO DE ARAGÓN (23-8-2016)

20/09/2016 09:17 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

OCHENTA AÑOS Y UN DÍA

Hace 80 años y un día mi abuela empezó a escribir un diario que empieza así: “Es el cumpleaños de Dorita. Hace seis años. Lo celebramos toda la familia. A las doce, después de la sobremesa, Alfredo se acuesta. Lorenzo pone la radio. Luego nos da la noticia de la sublevación en Sevilla. Cada media hora dan noticias, pero son algo confusas”. Era el 18 de julio de 1936. Dorita era la hermana mayor de mi madre. El diario continúa hasta el final de la guerra, cuando mi abuela consigue reunirse con su familia después de tres años de separación. Hace tiempo pensé que el diario se podría publicar con el título “La guerra sola”. Como portada mi primo Alfredo, hijo de Dorita, propuso una fotografía de mi abuela caminando sola por alguna calle de Barcelona. Allí pasó parte de la guerra, siempre vigilada por ser la mujer de un supuesto fascista. Mientras tanto, mi abuelo trabajaba en una farmacia de la calle Alfonso de Zaragoza pensando que mi abuela estaría muerta. Lo cierto es que es raro que sobreviviese. Cerca de Lérida, cuando intentaba una vez más llegar a Zaragoza, la acusaron de espía porque la veían “tomar notas” en su diario. Más adelante, en mayo de 1938 escribe: “Me despierto con el tronar del cañón y me paso el día oyendo lo mismo más la aviación. No me extraña que mi corazón esté endureciendo. No me da miedo nada, solo los hombres, me dan horror, cuando pienso lo que pasé en Lérida se me hiela la sangre. En aquellos momentos solo pensé en vivir para ver a mis hijas”. En 1941 nació su tercera hija. Nunca volvió a nombrar la guerra. 

HERALDO DE ARAGÓN (19-7-2018)

 

21/07/2016 05:48 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ZARZAS

La juntura de los ríos Aranda e Isuela, en el término municipal de Arándiga, es uno de esos parajes bucólicos que recuerdas sentada en el sofá de casa al notar que tienes que descansar la vista. Soy torpe y miedosa cuando se trata de caminar por el campo, fuera de los caminos, por ribazos y taludes llenos de zarzas que se enganchan en la chaqueta y hasta en los cordones de las zapatillas. Remontando el río por la orilla me parece haber vuelto a mi infancia junto al río Tirón, afluente del Ebro. Revivo el miedo a caerme, a torcerme un tobillo y a que salga alguna culebra de agua o cualquier otra alimaña. Sin embargo, superar los miedos tiene sus recompensas. Puedes ver saltar una trucha en el agua y escuchar el melodioso canto de algún pájaro escondido entre la vegetación. O puedes descubrir una antigua fuente que en Arándiga llaman “la fuente de mi lugar”, y que podría ser medieval o incluso romana. La fuente no mana agua y está casi oculta entre zarzas. Parece una fuente encantada. Como no llevo cámara ni móvil tengo que asegurarme de no olvidar esa fuente seca que, no sé por qué motivo, me parece importante. Explicar o fotografiar la naturaleza, tal como la sentimos, es realmente difícil. Llevo en la mano, arañada por las zarzas, un ramo de beleño negro que crece cerca de la fuente de mi lugar. “Y la zarza trepadora podría adornar los salones celestiales”, dice un verso de Walt Whitman. 

HERALDO DE ARAGÓN (12-4-2016)

12/04/2016 22:56 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DA CAPO

El año hay que empezarlo trabajando, suele decir mi primo Alfredo, que no conoce la pereza y huye de los destinos exóticos en vacaciones. La primera mañana de 2016 la pasé en la cocina mientras escuchaba en la radio el concierto de Año Nuevo. En el salón la tele también retransmitía el concierto con varios segundos de retraso respecto a la radio. Así que cada vez que iba de la cocina al salón, donde la pantalla del ordenador parpadeaba como enviando señales de atención, parecía que retrocedía en el tiempo y que podía cambiar el curso de los acontecimientos. Sé que mi primo se refería a trabajar en cosas importantes, ante el caballete en su caso, o escribiendo en el mío. Por eso me di una pequeña prórroga para centrarme y, al día siguiente, terminé un cuento que tenía prometido a Marina Heredia, editora de Los libros del Gato Negro. Ya no hago propósitos de Año Nuevo más allá del día a día. No les pido a los Reyes Magos cosas que yo misma no pueda llevar a cabo. Yo solo pido un poco más de tiempo y, puestos a pedir, poder retroceder unos segundos y aplicar la prudencia y la templanza que puedan haberme faltado en los malos momentos. Y siempre hay una segunda oportunidad. El cuento no me quedó tan mal. El comienzo de año, igual que cada lunes, me gusta por la energía implícita que contiene. Es como volver al inicio de la partitura donde dice “da capo” (“desde el principio”), y poder interpretarla mejor.

HERALDO DE ARAGÓN (5-1-2016)

06/01/2016 09:59 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PAPEL EN BLANCO

Son las cinco de la mañana. Oigo el riachuelo que pasa bajo mi ventana. Oigo también el motor de la vieja nevera Edesa que tiene más de cuarenta años. Y oigo mi propio corazón latiendo a gran velocidad. Me he levantado hacia las tres porque no podía dormir. La montaña irradia un silencio intergaláctico. Anoche cené con mi amiga Lola Aventin, que me había invitado al club de lectura de su fantástica biblioteca-palacio en Benasque. Lo pasé muy bien. Gente estupenda. Me sentía feliz a la hora de ir a la cama y luego, sin embargo -o quizás a causa de esa felicidad- vino el insomnio. La nieve, en lo alto del macizo de Cotiella, refleja la luz de la luna y creo que no hay paisaje nocturno tan sobrecogedor como este. La noche es muy larga en la montaña. Esta noche la nieve es como un papel en blanco que incita a escribir una confesión. Por eso no puedo dormir, claro, porque tengo que decir la verdad, porque no se puede escribir cualquier cosa en la nieve. Pero antes haré un buen café y lo tomaré con pastas. Luego encenderé la chimenea y releeré un poco a la Marquesa Colombi. El café puede que lleve meses, o años, en el apartamento. Pero aún estará potable, me digo pensando en lo bien que se conserva todo en esta atmósfera inerte, a 1540 metros de altitud. Incluso los recuerdos se conservan intactos -qué raro-, cristalizados como las risas de mis padres cuando eran felices y la Edesa no hacía ruido.

HERALDO DE ARAGÓN (8-12-2015) 

13/12/2015 10:50 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GRANADAS

En un huertico urbano que en realidad era un solar edificable que nunca se edificó, mi abuela se empeñaba en cultivar espárragos incomestibles. Un año plantó un chito de granado. Se lo trajo de algún sitio una vecina que quiso repartir varios esquejes entre sus amigas. Sólo el granado de mi abuela agarró. Tendrá treinta o cuarenta años. Mi abuela murió y también murió mi tía Dorita. El huerto ya no lo cultiva nadie, ni siquiera lo ve nadie. Entre esas cuatro paredes de piedra, completamente ajeno al devenir del mundo, el granado sigue creciendo en un rincón. Mi tía Amanda, la pequeña de las tres hermanas, aún se preocupa por las cosas de la familia. Llega a Lanaja y se acerca al huerto que ahora pertenece a sus sobrinos. Descubre con alegría que el árbol está cargado de frutos. Llena dos bolsones y reparte las granadas entre familiares y vecinos. Ese hermoso gesto se me figura como una especie de eucaristía laica. Las granadas representan el espíritu de los que se fueron dejándonos desolados y entristecidos. Me como una pequeñita grano a grano. Las granadas tienen propiedades medicinales. Son antioxidantes, diuréticas, ricas en vitaminas y minerales, y buenas contra el colesterol. Para mí tienen, además, propiedades balsámicas contra el desconsuelo. Dejo tres en un frutero como decoración. Se van secando lentamente sin llegar a pudrirse, sin perder su apariencia. También por dentro se van secando las penas.

HERALDO DE ARAGÓN (13-10-2015)

 

 

14/10/2015 08:39 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UNA ESTRELLA FUGAZ

Pasaron las Perseidas. No las vi. Pensaba en ellas con cierto pesar unos días más tarde. Estábamos en Soria y me había zampado un torrezno suculento y pecaminoso antes de ir a dormir. El torrezno brincaba en mi interior como un saltimbanqui enloquecido y me produjo terribles pesadillas. Perdía por completo la visión del ojo derecho y desperté angustiada. Abrí la ventana de la habitación, que daba a un amplio patio de manzana oscuro como boca de lobo. Alcé la vista al cielo. El fresco aire soriano me sentaba bien y estuve un rato así, contemplando el firmamento por si alguna Perseida rezagada tenía a bien pasar en ese momento. Y así fue, la vi en seguida, de sur a norte, o de norte a sur, quién sabe. A la mañana siguiente, paseando por el centro de Soria, era constante la presencia de Leonor Izquierdo dondequiera que nos llevaran nuestros pasos: la iglesia en la que se casaron el poeta y la niña de quince años–los abuchearon a la salida de la ceremonia-; la pensión donde se conocieron; el cementerio en el que está enterrada. Y unas horas más tarde, ya de regreso hacia Aragón, paramos en Almenar atraídos por un bonito castillo que se veía desde la carretera. Me quedé boquiabierta al ver en la fachada del castillo una placa que decía: “Aquí nació Leonor, esposa breve y musa permanente de Antonio Machado”. Pasó una estrella fugaz y las golondrinas regresan ya a sus cuarteles de invierno en África.

HERALDO DE ARAGÓN (18-8-2015)

19/08/2015 08:18 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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