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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2009.

AÑORANZAS

Hay una nostalgia que no está vinculada a los recuerdos, al menos a los recuerdos propios. Me refiero a la nostalgia, o quizás añoranza, de la tierra. Lo vi en la Casa de Aragón en Madrid, donde Pilar Castel, vicepresidenta de la Asociación, nos contó que ella en realidad nació en Madrid. Sus padres eran aragoneses, de Villarluengo, pero sus nietos ya poco tienen que ver con la tierra de sus ancestros. Aun así ella, madrileña universitaria y mujer de acción, habla de Aragón con un amor que sólo puede ser heredado y cultivado después con mimo. Su hija y su yerno son los encargados de mantener actualizada la página web de la Casa. El concepto de destierro, a la manera medieval, ha quedado desfasado, ya nadie sufriría hasta la muerte por eso, pero sigue habiendo pequeños destierros cotidianos. Los Aves Madrid-Zaragoza van siempre llenos y lo primero que dicen por sus móviles los viajeros es “Acabo de salir de Zaragoza”, o de Madrid, o pasando por Calatayud. Cuando estás continuamente de aquí para allá parece importante el poder ubicarse en cada momento, pero tengo la sensación de que ya no importa tanto de dónde eres, sino de dónde vienes. Recuerdo a Gaspar Cabañuz, que después de toda una vida en Buenos Aires seguía añorando su Huesca natal, donde ahora reposan sus cenizas. Debe de ser muy difícil pasarse la vida anhelando otro lugar, otra vida quizás, sin embargo observo una fortaleza excepcional en esas personas que no dejan de tener un punto de extravagancia, una cierta insubordinación a las circunstancias que les tocan. En la Casa de Aragón en Madrid hay un emparrado bajo el que sentarse a beber vino de la tierra, solo o en compañía, aunque ya haga frío.

HERALDO DE ARAGÓN (1-12-09)

01/12/2009 23:01 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

FLORES

Hace tan solo unos días, un dibujo de Joaquina Zamora se pudo adquirir en un subasta madrileña por la cantidad de 80 euros. Se trataba de unas flores y la obra fue comprada por un coleccionista aragonés de Luesia que en otra ocasión se hizo con otras flores, muy bellas, de la también aragonesa Mª Luisa de la Riva. Era difícil en tiempos pasados, y lo sigue siendo (un poco menos), ser artista y ser mujer, aunque muchas de ellas se vieran abocadas a pintar flores y bodegones que, personalmente, me suelen fascinar y cada vez aprecio más. Las que conseguían afianzar su carrera y no cejar en el empeño de seguir cultivando su arte, desarrollaban con los años un carácter al menos poco convencional. Es lógico. La mayoría de los artistas, además, por el hecho de serlo, suelen tener poco conocimiento de la realidad más inmediata, más vulgar. Que Joaquina Zamora hiciese mal sus cálculos para la que sería su fundación, me parece normal. Y hasta casi me parece normal que Pilar Burges, de la que conocemos algunas de sus peculiaridades, se mostrara tan exigente en su testamento. El legado de estas pintoras, además de su obra, que a todos nos gustaría poder contemplar en un espacio apropiado, será la idea de que el arte está por encima de muchas cosas, esas cosas que al final estorban al artista, le lastran y le amargan la existencia. El pintor Cabañuz de Portugal fue al funeral de Pilar Burges. No la conoció en vida, pero la admiraba y había comprado, también en una subasta, un paisaje con árboles pintado por ella en 1975. Veo ese paisaje, oscuro e inquietante, y pienso que quedaría muy bien junto a las flores de Joaquina Zamora.

Heraldo de Aragón (8-12-09)

10/12/2009 19:12 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PUKINUKI

¿Qué tiene la palabra gratis que no acaba de gustarme? Por más que la publicidad se empeñe, soy de esas personas que han heredado el gen de la desconfianza más recalcitrante. En Madrid te ponen algo de picar cada vez que pides una caña, bien unas patatas de bolsa, bien unos frutos secos que acabas comiendo sin ganas, bien unas mini croquetas congeladas que suelen quedarse en el plato, y a mí no me gusta esa costumbre que casi te obliga a comer algo que no has pedido, que normalmente es de ínfima calidad. Si me apetece tomar algo, prefiero ir a un bar de tapas y pagar por las que yo elija. Las cosas gratis que regalan las revistas de moda, bolsos, echarpes, qué se yo, acaban en algún armario porque te da pena tirar cosas por muy inútiles u horrendas que sean, así que ahora busco publicaciones que no regalen nada, pues quizás ese dinero lo inviertan en mejores artículos o colaboraciones. Lo mismo me sucede en los hipermercados: el 2X3 ó 3X4, o lo que sea, me ponen nerviosa, prefiero elegir los productos por otras razones aunque sean tan banales como un envasado atractivo o una especificación clara de sus características. Y no me creo un bicho raro, sólo creo que no hay nada gratis en la vida y me gusta pagar a tiempo. Llaman a la puerta de casa, es un tipo que dice ser del gas y me pide un recibo para aplicarme un 10% de descuento en la factura. Le digo que no tengo gas. Un minuto después, oigo que mi vecina de rellano le suelta la misma mentira, que su caldera no es de gas, y amablemente lo despide.

HERALDO DE ARAGÓN (23-12-09)

30/12/2009 12:13 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PEQUEÑOS PROPÓSITOS

Año tras año hago una lista mental de pequeños propósitos para el nuevo año. La lista cada vez es más corta. No es por pereza, pues si algo tiene de bueno la edad es precisamente que se va perdiendo la pereza para todos esos actos más o menos repetitivos, mecánicos y cíclicos que marcan el transcurrir del tiempo como las campanadas de un reloj. Antes no me gustaban nada las tareas de la casa, ahora, desde que soy vieja, casi las disfruto. Ya no me quejo cuando hay que hacer las camas para los invitados con tres o cuatro mantas previendo una ola de frío polar, o sacar la vajilla dorada que anda metida en una gran caja de cartón en un rincón del trastero, o extender varios manteles bordados por una de mis tías hasta encontrar uno que no tenga viejas manchas amarillentas y no arrastre por el suelo, porque esas cosas significan que hemos vivido un año más y que aún podemos dedicarnos a esas banalidades. Y luego hay que recogerlo todo, y eso todavía me gusta más, y cuento los cubiertos porque en el tráfago de la cocina suele irse alguno al cubo de la basura. Y pido a gritos que alguien me ayude a plegar la mesa y a arrastrarla por el pasillo hasta devolverla a su lugar en la recocina, donde permanecerá un año entero en estado vegetativo. A su lado, la lavadora está en marcha todo el día, como dando un ritmillo, y cuando centrifuga arroja al suelo el jamonero con jamón y todo. Mi lista de pequeños propósitos es cada vez más corta porque he aprendido que todo se limita a tener una ilusión, y la ilusión no tiene tamaño. O está vivo o estás muerto, como el jamón. Y tengo claro que las manchas del mantel no se irán nunca.

HERALDO DE ARAGÓN (29-12-09)

30/12/2009 12:15 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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