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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009.

EN LAS REBAJAS

La fila avanzaba muy poco. Era el segundo día de rebajas. Había ido en busca de un vestido vaporoso que no encontré. Me probé una chaqueta de angorina. La cosa se animaba. Me acordé de las rebajas de invierno en unos almacenes de Edimburgo, donde las prendas se amontonaban en el suelo como malas hierbas recién segadas, pisoteadas por estampidas de ganado. Aquí, afortunadamente, nunca he visto nada parecido. La chaqueta acabó en manos de una mujer cuya cara me resultaba familiar, más familiar aún cuando vi los rasgos de su hija adolescente, tan parecidos a los de aquella compañera de curso a quien perdí la pista hace años. La chica se negaba a probarse la chaqueta. Su madre insistía. En ese momento, eterno momento, es sólo cuestión de matices y sutilezas conseguir que un día de rebajas no acabe en una discusión. Ambas partes cedieron un poco, incluso se pusieron a bromear sobre la utilidad de una chaqueta de angorina con manga corta. Ni para verano, ni para invierno. Sólo costaba 2’95 euros. Finalmente se la quedaron, sin necesidad de probarla. Las envidié. Mientras una de ellas hacía fila para pagar, la otra iba y venía con una camiseta, una blusa, un minivestido blanco, un pareo, unas chancletas rosas, un blusón étnico, y decía “Mira esto, mira esto”. Seguí un rato revolviendo camisetas hasta que se fueron. Me habría gustado seguirlas a otras tiendas porque parecían felices con sus adquisiciones. Para vencer la sensación de que mi día de rebajas iba a acabar en un fracaso, me quedé con las chancletas rosas que madre e hija habían descartado en el último momento.

Heraldo de Aragón (7-7-2009)

08/07/2009 01:24 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AVERLY SATATION

 

De Zaragoza a Huesca llevaba una hora justa hace quince años. Hoy en día, en un autobús mucho más moderno, lleva una hora y cinco minutos. Aun así, me sentí afortunada cuando descubrí que no tenía que ir hasta la estación de Delicias y que podía subirme frente a Averly, en el Paseo de María Agustín. Allí mismo saqué el billete en una maquineta. Una mujer mayor con sandalias de plataforma y pelo rojo me pidió ayuda para sacar el suyo. El autocar iba a tope: ancianos, jóvenes muy jóvenes, inmigrantes y amaxofóbicos componíamos la mayoría del pasaje. Delante de mí un africano hablaba por el móvil con su antiguo jefe. Se notaba que había una cierta amistad, un cierto respeto y cariño en la voz del africano. “Necesito el papelo, Jorge. Sin el papelo no puedo ser autónomo ni tener nuevo contrato”. La conversación giraba en círculos, quizás concéntricos. Me entró sueño. Siempre quiero dormirme entre Zaragoza y Huesca, y nunca lo consigo. En la plaza de San Pedro la noche era violeta por obra y magia del Instituto Aragonés de la Mujer (el jueves 16 estará Ouka Lele para todo el que quiera disfrutar de su obra y su presencia). Esa noche dormí como un tronco. De vuelta a Zaragoza seguía medio dormida, como mesmerizada. Tantas veces he hecho ese trayecto que ya no suelo considerarlo un viaje. Los campos amarillos de cereal cosechado se repetían igual que el bolero de Ravel. Me acordaba de las palabras del africano al despedirse de su jefe: “Tienes que pensar mucho, Jorge. Hay muchas cosas malas en tu vida”. Revolví en mi bolso buscando algo. Encontré el billete de ida, y vi que ponía “Zaragoza. Averly-Huesca”. Creo que me dormí unos segundos y que soñé que regresaba de un largo viaje y que alguien me esperaba en Averly Station.

HERALDO DE ARAGÓN (14-7-2009)

18/07/2009 09:30 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

VILLA PEREZA

Pensaba hacer un elogio de la pereza. De aquellas interminables tardes de verano en que nos obligaban a dormir la siesta, porque nuestra única obligación era no molestar demasiado a los adultos, y nos pasábamos el rato mirando al techo, adivinando por los reflejos proyectados en él de qué color y tamaño era el vehículo que pasaba bajo nuestro balcón. No teníamos que hacer deberes, para eso habíamos sacado buenas notas en junio. No teníamos lecturas obligatorias, no teníamos un ojo constante sobre nuestras cabezas vigilando nuestra diversión. Perder el tiempo era algo natural. Nuestras abuelas decían “El tiempo Dios lo da”, y Julio Ramón Ribeyro en sus diarios decía “Toda evocación es tiempo robado al tiempo”. El verano se prestaba a la distensión, a la gandulería, era la época ideal para los incapaces de tomar en serio sus vidas. La fábula de la cigarra y la hormiga nos aterrorizaba, temíamos la llegada del mal tiempo. Preferíamos no pensar. Merendábamos pan con vino y azúcar, y así aumentaba nuestra modorra con la extraña sensación de que el tiempo podía llegar a coagularse como la sangre. El futuro estaba muy lejos, en el lado oculto de la luna. No éramos ni muy felices ni muy desgraciados, eso no había por qué analizarlo. Veíamos en la tele a la estrafalaria Pippi Langstrump (el opuesto a la niña de la actual “Villa Pereza”) y nos parecía casi normal su rebeldía. El verano no ha dejado de ser rebelde, reacio a cualquier tipo de construcción sólida -como la del mayor de los tres cerditos-, y aunque la vida discurre rápida, aún quedan remansos tranquilos donde es posible robar tiempo al tiempo.

Heraldo de Aragón (21-7-2009)

22/07/2009 11:21 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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