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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2009.

LA MAGDALENA

 

Después de una larga restauración, la Iglesia de la Magdalena parece nueva. Su torre me recuerda a una joven esbelta muy bien educada, mas siempre dispuesta a no perderse cualquier celebración o festejo. A ras de suelo la han rodeado con mojones de piedra que impiden el acercamiento excesivo de los vehículos. Una furgoneta abollada se da con uno de ellos, y luego con otro, y se ve que el conductor es un habitante de la zona que no contaba con esos recientes obstáculos. Por las ventanillas abiertas se oye flamenco. Samantha, tras los tiradores de cerveza de su local, vigila de cerca el tráfago de gentes y sonríe. Un bollo más no importa. Suele haber un ambiente de set televisivo en esta plaza donde no existe el drama. El gallo de la torre dirige el viento a su aire, no es una veleta fiable, no tanto como la de la torre de San Pablo, según dicen los expertos (además han anunciado vientos variables y el gallo se despista). Samantha prepara unos bocadillos de ternasco para una parejita sentada bajo un árbol del amor de hojas acorazonadas. La torre de la Magdalena me parece una de las más bonitas torres mudéjares porque siempre que la miro me devuelve una sonrisa, como si no tuviese recuerdos, ni albergase en sus grietas ningún tiempo perdido. Es lo bueno del ladrillo: las construcciones de ladrillo, por muy viejas que sean, conservan un aire juvenil, cosmopolita y moderno, como si no tuvieran necesidad de sufrir en vano. Al atardecer, la torre se siente obligada a cimbrearse un poco para lucir la antigua orfebrería heredada de sus ancestros. La furgoneta abollada se aleja dando saltos de alegría.

HERALDO DE ARAGÓN (6-10-2009)

13/10/2009 09:58 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AHORRADORES

“La riqueza me da igual”, dice Mark Twain en su maravillosa “Guía para viajeros inocentes” (que por cierto le hizo rico) mientras visita Tánger y constata que los más ricos visten harapos y entierran sus dineros. Me asombra la gente que sólo piensa en el dinero, casi me da envidia que haya quienes encuentran la felicidad en ahorrar un euro aquí, unos céntimos allá, que recorren la ciudad buscando el jamón más barato y acumulan puntos en esas tarjetas de supermecados, y revisan los recibos de la luz, el teléfono y demás, y sólo van al cine el día del espectador, y ven con satisfacción, y casi con aprensión, cómo aumenta el saldo de su cuenta bancaria. En mi familia he visto los dos extremos: avaros hasta la médula y derrochadores irredentos, y también gente normal que intenta hacer de la medida una virtud. La crisis ha provocado un afán ahorrador en el español medio, y eso es algo que también me asombra, que no acabo de entender (la Economía es un gran misterio). Mi madre dice que lo que más diferencia a las personas es la forma de gastar el dinero, y que eso es lo que realmente une (o desune) a las parejas. De niña yo tenía fama de rata, no me gastaba la paga semanal, y mi hermano gastaba la suya y la mía argumentando que yo era muy mala administradora, el dinero era para gastarlo, y yo sabía que en el fondo tenía razón. Ahora es más moderado, a veces compara los precios de aquí o allá. Pero cuando le encargo una botella de champán para celebrar algo importante, mi hermano me trae una botella de Taittinger pues, según él, hay cosas en las que no deberíamos ahorrar porque acabaríamos siendo muy aburridos.

HERALDO DE ARAGÓN (12-10-2009)

13/10/2009 10:00 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

QUITAR HIERRO

 

Me paro al borde de la acera. Estornudo. Ni que decir tiene que es un estornudo discreto, dirigido hacia las rayas blancas, recién pintadas, de un paso de peatones en el Coso Bajo. Entonces, una sexagenaria estupenda da dos pasos laterales para apartarse de mi lado. Su gesto de horror me recuerda al de Mia Farrow en “La semilla del diablo”, sólo que no se parece en nada a la diva. Me acuerdo de que en Londres una de esas personas hiper preocupadas por la salud me increpó porque, al parecer, no se podía fumar en un radio de no sé cuántos metros alrededor de un poste de parada de autobús. No puedo reprimir un segundo estornudo, pequeñito. Confieso que me da la risa cuando la mujer sale en estampida y está a punto de ser atropellada por un cachalote que navegaba tranquilamente Coso abajo. Me viene a la cabeza la última película de Woody Allen. No es difícil volverse misántropo con la edad, lo complicado es mantener y seguir cultivando el sentido del humor, aun cuando tengas una visión global del mundo bastante sombría. A mí el humor, a diferencia del mal genio, me va menguando con los años. Por eso agradezco una película, o cualquier otra cosa, que me haga reír, quitar hierro al asunto. De madrugada me despierta un fuerte dolor de cabeza y me duele la garganta. El termómetro no miente. Casi agradezco que el malestar físico me impida pensar en otras cosas. En la farmacia coincido comprando couldinas con mi primo Joseán, que es de mi edad, cascarrabias como yo (nos viene de familia), y fan absoluto de Woody Allen. Durante un rato hablamos de “Si la cosa funciona” y nos olvidamos de los catarros, las gripes y demás futilidades.

 

HERALDO DE ARAGÓN (21-10-09)

21/10/2009 13:10 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

AGENDAS

Te regalan una agenda para 2010. Lo primero que haces es comprobar que las fechas importantes no coinciden con esas guardias nocturnas que te tocan cada seis semanas. Luego ves si hay suerte con los puentes, para hacer algún viajecito: San Valero cae en viernes, y la Cincomarzada también. Hacer planes a más largo plazo te da un poco de aprensión, últimamente estás viendo mucha gente accidentada (tu tía y tu vecina se han fracturado el radio y el cúbito, respectivamente, en absurdas caídas domésticas). El médico de cabecera te recetó calcio para prevenir la osteoporosis, pero se te olvida tomarlo. En la agenda hay una página por mes que dice “fechas a recordar”. Apuntas los cumpleaños de parientes y amigos, y te das cuenta de que algunos ya no están, o bien han muerto o bien han dejado de ser amigos, y apuntas el de una prima del pueblo a la que nunca felicitas. Te entra nostalgia del futuro, melancolía otoñal, y vulgar tristeza o bajón de estrógenos, todo asociado a la falta de luz. No anotas “tomar el calcio”. Entras en el blog “Entre copas y pucheros”, de José Luis Solanilla, y te animas repentinamente. Te apetece probar uno de esos vinos de nombres exóticos - Yonna, Oxia-, nombres que estás a punto de escribir en tu agenda, igual que escribiste “Beaujoulais” encima del tercer jueves de noviembre cuando estrenaste la de 2009. Finalmente cierras la agenda-dietario y le envías un mensaje a una amiga que acaba de volver de Washington. Te responde de inmediato, y caes en la cuenta (ingrata de ti) de que olvidaste anotar su cumpleaños en la hoja correspondiente. Vuelves a abrir la agenda y te quedas mirando un rato los doce meses del calendario.

HERALDO DE ARAGÓN (27-10-09)

 

28/10/2009 10:48 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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