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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2011.

FRIVOLITÉ

Suelo llegar al final del año con una extraña sensación de fatiga. Si no fuese por los excesos navideños me costaría una barbaridad pensar en un 2011 que viene malencarado y del que, por otro lado, sólo quiero esperar cosas buenas. Suelo hacer una lista de buenos propósitos de Año Nuevo que es como la lista de la compra, que la olvidas, pegada con un imán, en la puerta de la nevera. Me gustaría ser todavía más frívola de lo que soy, eso sí, sin caer por ello en la trivialidad. Según el María Moliner “frívolo-a” significa ligero y superficial, que viene del latín “frivolus” y también se dice del que no da a las cosas la importancia debida, o no las hace con seriedad y sólo piensa en divertirse. Quienes padecemos el síndrome de expectación negativa moriríamos “ipsofactamente” (neologismo de Emilio Gastón) si no frivolizásemos de vez en cuando. No suelo fiarme de las personas demasiado serias, ni de quienes no saben divertirse si no es criticando o malindisponiendo a unos contra otros, ni de aquellos que tienen mal beber y se ponen agresivos. Cualquier cena navideña, de empresa, de amigos o familiar, sería un muermo total si no hubiese frívolos que se esfuerzan con generosidad por la diversión ajena. Según el María Moliner trivializar es sinónimo de disminuir, por eso no me gusta lo trivial aunque se parezca a lo frívolo. Prefiero sumar antes que restar, hacer reír, pensar en cosas divertidas, hacer frivolité, acordarme de algún chiste bueno, cantar en la ducha, y tomarme muy en serio todo aquello que aumente las pequeñas alegrías de la vida.

Heraldo de Aragón (diciembre-2010)

04/01/2011 11:13 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GUANTES ROJOS

Papá Nöel me trajo unos guantes rojos de piel, idénticos a los que llevaba Isabelle Huppert en “Borrachera de poder” (Claude Chabrol, 2006). La jueza Jeanne está encargada de investar la trama de malversación de fondos de un grupo empresarial, mientras su vida personal se desmorona y el poder intenta corromperla. Los guantes de la protagonista están tan presentes en la película que estuvo a punto de titularse así, “Los guantes rojos”. Quienes me conocen un poco saben que el rojo es mi color preferido y que me parezco un poco a la actriz francesa, así que no es difícil adivinar que estoy encantada con mis nuevos guantes. No sería capaz, sin embargo, de investigar ninguna trama de corrupción. De hecho nunca he entendido qué es lo que ha pasado en España en los últimos años, ni entiendo a los políticos cuando hablan, y mucho menos entiendo el mundo de las finanzas. Las estadísticas no me las creo, directamente, quizás porque no tienen en cuenta a las grandes minorías. Y mi escepticísmo va en aumento, en lo que se refiere al tema público, aunque me niego a aceptar que sea el dinero lo que mueve el mundo. Mi empeño es seguir creyendo que en realidad es el amor lo que hace que mundo no se pare. Puede que haya muchas clases de amor, pero yo sólo reconozco una, y en ésa el dinero apenas vale nada. Chabrol dijo que los guantes rojos representaban las manos ensangrentadas de todos aquellos que tocan el poder. Me miro en el espejo, justo antes de salir de casa, y mis guantes rojos me hablan de otras cosas: de alegría de vivir, de glamour, de pasión, y también de corazones rebeldes.

Heraldo de Aragón (3-1-2011)

04/01/2011 11:17 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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