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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2011.

FANTASMAS

Yo creo en los fantasmas. En algunos fantasmas. Cada uno tenemos los nuestros y son, como los recuerdos, intransferibles. “El fantasma y la señora Muir” (Joseph L. Mankiewicz, 1947) es una película turbadora que me gusta por su aparente ingenuidad y su densidad onírica. Gene Tierney es una joven viuda que se va a vivir cerca del mar y establece una curiosa relación con el fantasma del capitán Gregg (Rex Harrison), y viven felices para siempre. A veces veo con mi sobrina una serie de televisión en la que una joven con poderes ayuda a los fantasmas a pasar “al otro lado”, que viene a ser el más allá. Yo no querría que mis fantasmas se fueran al otro lado. O como mucho, al otro lado del espejo, desde donde nos ven envejecer. Mi padre, en mis sueños, siempre viene en mi ayuda, y ya tiene todo el pelo blanco cuando sólo tenía plateadas las sienes al morir, hace 28 años. Mi abuela, que murió tres meses antes que mi hermana, se me apareció un día en una estantería a la altura de mis ojos, mientras visitaba un museo de vírgenes románicas. Era la más bajita de la fila, iba toda de blanco, se parecía a Frida Khalo y era la única que sonreía en mi sueño. Hay otros fantasmas menos amables, que no hacen nada malo, pero se limitan a observar el sufrimiento de las personas a las que amaron en vida. Algunos son excesivamente discretos, te preguntas dónde se habrán metido. Te preguntas también si se hablan entre ellos. Mis fantasmas viajan conmigo, en mi corazón, que es un músculo estriado con motilidad autónoma.

HERALDO DE ARAGÓN (1-11-2011)

 

05/11/2011 21:26 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SABER PERDER

En mi calle han abierto dos negocios de “Compro oro” que por su aspecto podrían pertenecer al mismo dueño. Han tabicado los escaparates y no han invertido nada en decoración. Dicen que en épocas de crisis la gente adinerada invierte en valores seguros. No sé nada de finanzas y me pregunto qué se hace con el oro que va a parar a esos locales. ¿Se convierte en lingotes? ¿Y  dónde se guardan los lingotes? No tengo afición alguna por las joyas, pero de vez en cuando me detengo ante el escaparate de una pequeña joyería de mi calle que me parece una delicia. Hace unos años compré allí una sortija de plata y turquesa que acabó en el dedo de una turista valenciana. Era una chica joven que se sentaba en la mesa contigua a la mía en una terraza de verano. Acabamos charlando y me pidió que le dejara probarse la turquesa que tanto llamaba su atención y que luego no quiso devolverme. Algunas veces las cosas se pierden de la forma más absurda. Mi tía Maribel diría que las cosas no son importantes, que lo único importante es la salud. Conozco bien el significado de la palabra “pérdida” en todas sus acepciones. No es nada fácil llegar a tener un buen perder. Creo que ese aprendizaje es imprescindible para pasar una reválida de la madurez. Por otro lado siempre nos quedará el sentido del humor, que es como el “siempre nos quedará París” de Humphrey Bogart. En épocas de crisis todo es susceptible de perderse, todo excepto ese París en blanco y negro que incluye una lección de elegancia y una tímida sonrisa.

HERALDO DE ARAGÓN (15-11-2011)

17/11/2011 06:03 cristinagrande #. sin tema Hay 1 comentario.

PEPITAS

La jornada de reflexión me la pasé en la cama. No es que estuviera enferma, quiero decir realmente enferma, ni que tuviera que reflexionar sobre mi voto. No tenía ningunas ganas de votar y sabía de antemano que acabaría yendo a la urna para prevenir un posterior ataque de mala conciencia. Sólo quería descansar. Estuve horas leyendo con una almohada doblada bajo la nuca. Dormitaba a ratos, con las gafas puestas y la luz del flexo sobre la cara, mientras oía por el pasillo las muletas de mi madre y la voz melodiosa de mi sobrina. Ambas respetaban mi encerramiento. No comí más que dos mandarinas en todo el día. La primera estaba muy buena y la segunda llena de pepitas, cosa que me puso de mal humor durante unos minutos, pues esa segunda ya me había ofrecido dudas nada más verla. Últimamente he descuidado, por recelos pragmáticos, lo que antes consideraba una inestimable intuición. Pero es que hay que ser valiente para aceptar que lo razonable no siempre es lo correcto, y que se puede ser cursi para llegar, como Susana Tamaro, donde el corazón te lleve. Me comí la segunda mandarina como un autoescarmiento y vi en las pepitas los problemas cotidianos que nublan el dulce sol de noviembre. El Zaragoza perdía 3-0 nada más encender la radio, que apagué inmediatamente pensando aún en las pepitas, y en la pena de mis amigos Melero, Pisón, Pérez y Notivol. Ya de madrugada se oían por la calle las risotadas de un grupo de cafres que seguramente eran del BarÇa. Desdoblé la almohada antes de apagar la luz.

HERALDO DE ARAGÓN (23-11-2011)

27/11/2011 06:48 cristinagrande #. sin tema Hay 2 comentarios.


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