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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2011.

CUESTIONES FILOSÓFICAS

La ONU declara la felicidad como uno de los derechos humanos. La noticia me causa gran turbación. Acabo de terminar “La flecha en el aire”, de Ismael Grasa, y me dan ganas de pedirle que me acepte como alumna en sus clases de Filosofía. Me veo levantando la mano para decir que considero que mi felicidad no es exactamente un derecho, no es algo que pueda reclamar a nadie por el mero hecho de haber nacido. No me imagino, por ejemplo, detenida ilegalmente en una aduana portuaria y reclamando mi derecho a la felicidad. ¿No es la felicidad algo diferente para cada individuo, algo íntimo e intransferible? ¿No es acaso una búsqueda personal en la que puedes embarcarte o no, una especie de tarea que requiere un esfuerzo personal y un largo aprendizaje? ¿O es, como dijo Zola de la belleza, un estado de ánimo?   Puedo decir que soy más feliz, mucho más, que cuando tenía veinte años, y el hecho de que pudiera tratarse de una falsa percepción no tiene mayor importancia para mí. Nunca volvería a la infancia. Estoy empeñada en ser una vieja feliz, como lo fue mi abuela hasta su muerte, y no voy a responsabilizar a nadie si no lo consigo. Me viene a la cabeza la frase que una novia dijo al brindar durante el banquete de su segunda boda: “Tenemos la obligación de ser felices”.  El día que mi abuela cumplió 99 años fuimos a tomar unas tapas para celebrarlo. Con una copa de vino en la mano dijo muy sentenciosa: “Este es el día más feliz de mi vida”. Seguramente ya sabía que sólo  iba a vivir cinco meses más.

HERALDO DE ARAGÓN (30-8-2011)

01/09/2011 14:22 cristinagrande #. sin tema Hay 1 comentario.

PRINCIPIANTES

Íbamos a Lanaja, al entierro de mi tía Dorita. Era sábado. Amenazaba tormenta. Paramos a repostar en una gasolinera de la avenida de Cataluña. Desde mi asiento de copiloto veía un coche rojo aparcado ante un gran cartel que decía “Aire y agua”. Delante del cartel una pareja de mediana edad se besaba apasionadamente. Él estaba bajo la palabra Aire y ella bajo la palabra Agua. El beso de la pareja me produjo un extraño consuelo, era como un bálsamo contra mi tristeza. Me acordé de la película Beginners, de los dibujos que hacía Ewan McGregor para crear “la historia de la tristeza”. La muerte de un ser querido puede producir, por contradictorio que parezca, el principio de una forma de reconducir nuestras vidas. En todo aprendizaje hay algo doloroso, algo que dejar atrás –incluso la propia tristeza-. Mi hermano conducía muy despacio, el viaje se me estaba haciendo interminable y temía que no llegaríamos al entierro. Luego todo transcurrió según lo previsto, como en una escena dirigida por un buen director. La tristeza y la alegría iban agarradas del brazo, como nosotros tras el féretro, camino del cementerio. A la vuelta conducía mi primo Alfredo. “Es increíble”, dijo, “que ayer mi madre estuviera viva y a estas horas ya esté enterrada”. Mi primo conducía deprisa, con la seguridad de quien conoce bien el camino. Las lágrimas y el sudor me habían dejado seca, y no tenía palabras. Íbamos por una larga recta.  Nada de lo que dijera podría aliviar su tristeza ni el desasosiego por el futuro. Le encendí un cigarrillo.

HERALDO DE ARAGÓN (22-8-2011)

02/09/2011 07:54 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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