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Cristina Grande

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2013.

AL CINE

Algunos sábados acompaño a mi madre al cine, siempre a la primera sesión, y como vamos con tiempo de sobra aún podemos darnos una vuelta por Zara. Queríamos ver la película de Haneke pero mi tía, esa misma mañana, en su llamada de las 11 dijo “ni se os ocurra, yo salí estragada y tuve que entrar en un bar para reanimarme”, así que nos fuimos a ver la de Bin Laden. De Guatemala a Guatepeor, dijo mi madre en una escena de torturas nada más empezar la proyección. A mí “La noche más oscura” me gustó bastante, me pareció valiente y honesta, sin esas concesiones lacrimógenas que tanto me molestan en películas como “Lo imposible”, por poner un ejemplo. A mi izquierda mi madre miraba la hora en la pantalla del móvil, a mi derecha una joven escribía un sms a su novio informándole del metraje de la cinta, y en la pantalla de cine la protagonista esperaba una respuesta que nunca llegaba. En un momento dado su jefe le dice “estás como una cabra”, pero los espectadores sabemos que la chica tiene razón y que es fácil confundir la locura con la perseverancia, y la perseverancia con la obsesión. Me gustaría que Katrhyn Bigelow ganara un óscar, la verdad. Diluviaba a la salida del cine. ¡Qué lluvia tan estrafalaria!, dijo mi madre, que al final reconoció que la película era buena, aunque ella prefiere cualquier  novedad de Woody Allen. Yo tengo mis dudas, según el día. Algunos sábados me parezco a mi madre. Volviendo hacia casa nos cogimos del brazo para no resbalarnos en el suelo mojado.

HERALDO DE ARAGÓN (15-1-2013)

18/01/2013 10:35 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CICLOGÉNESIS

El Moncayo llevaba una enorme bufanda algodonosa y a un lado de la carretera se había detenido un grupo de capitanas, de esas que salen a recorrer mundo todos los años por estas fechas. La estampa no podía ser más invernal. Habían anunciado una ciclogénesis explosiva, que sonaba casi apocalíptico, pero vi algunos frutales ya florecidos y también romeros y rabanizas en flor entre los viñedos secos. Recordé una escena de una película bélica: en medio de un paisaje helado un almendro florece por efecto del calor desprendido en una explosión que ha matado a alguien. No es fácil tener pensamientos positivos cuando el mundo parece desmoronarse alrededor. Me enfrasqué en la lectura de “Todas las miradas del mundo”, la magnífica novela policiaca que acaba de publicar Miguel Mena. Volver a la España de 1982, tan bien contada por el narrador, me produjo una punzada de nostalgia cerca del corazón. Era noche cerrada cuando la ciclogénesis, o un viento huracanado repentino, quiso arrancar de cuajo el tejado con todas sus tejas, chimeneas y antenas, y succionarnos junto con los enseres y libros de la casa para girar en el aire en contra del sentido de las agujas del reloj. Si pudiera regresar a 1982, cuando hacía segundo de carrera, mi padre, mis abuelos y mi hermana aún vivían, España sufría convulsiones que no nos impedían confiar en el poder benéfico de la Constitución, y yo no  hacía más que buscar el amor eterno; si pudiera regresar, digo, creo que no lo haría sin un buen compañero de viaje.

HERALDO DE ARAGÓN (22-1-2013)

24/01/2013 06:51 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

IMPREVISTOS

Mientras en los pueblos del Aranda hacen hogueras con romero en honor a San Babil, me he dedicado un rato a limpiar garbanzos cultivados en una huerta de Arándiga. Es una labor que no había hecho antes. Salen piedrecillas, tallos resecos, garbanzos raquíticos o verdes, pero ningún garbanzo negro. Me gustan las labores manuales basadas en la repetición y en las que, sin embargo, existe la posibilidad de que surja una sorpresa. Al fin y al cabo, los días y las estaciones se suceden de forma repetitiva pero nunca idéntica, como el bolero de Ravel. El tiempo Dios lo da, solía decir alguna de mis tías abuelas, cuando nos poníamos a limpiar almendras en un peldaño de la escalera que subía al granero y el reloj de péndulo daba dos veces cada hora y las tardes se hacían interminables. Yo nunca me aburro, o cada vez me aburro menos, quizás porque he aprendido a ser paciente dentro del desasosiego. Incluso en lo más hondo de la rutina y la monotonía puede aparecer un imprevisto, una emoción desconocida. Como decía Pepe Cerdá que decía no sé quién de su pueblo “donde menos te los esperas surge la belleza”. Admiro a las personas que ya de jóvenes trazaron su camino, sabían cuándo y con quién se casarían, dónde vivirían y cuántos hijos tendrían, y para mi asombro y envidia conseguían lo que se habían propuesto y además sabían encajar con elegancia cualquier imprevisto. Me quedo mirando el fuego y podría pasarme horas así, viendo las llamas y escuchando el ulular del viento.  

HERALDO DE ARAGÓN (29-1-2013)

29/01/2013 20:33 cristinagrande #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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